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Fiestas y pirotecnia: ¿cómo cuidar del ruido a nuestros perros y gatos?

“Los animales domésticos tienen el oído mucho más desarrollado y sensible que el de los humanos; por ese motivo, un ruido que a nosotros nos parece fuerte, ellos lo escuchan varias veces amplificado”, dice la doctora Nélida Gómez, vicedecana de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA....

“Los animales domésticos tienen el oído mucho más desarrollado y sensible que el de los humanos; por ese motivo, un ruido que a nosotros nos parece fuerte, ellos lo escuchan varias veces amplificado”, dice la doctora Nélida Gómez, vicedecana de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA.

Se considera que un ruido que supera los 75 decibeles puede dañar el oído humano. En particular la pirotecnia genera un nivel de ruido más alto que el de los disparos (140 decibeles) y el de algunos aviones jet (100 decibeles), llegando en algunos casos a los 190 decibeles, de acuerdo con un informe de AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal de España).

Ese mismo informe indica que no se conoce bien porqué algunos perros sufren con los petardos, y otros no. Pero se baraja la posibilidad de la existencia de patrones adquiridos: los perros de caza, por ejemplo, se acostumbran a los ruidos fuertes por las detonaciones de armas de fuego.

Los signos que con mayor frecuencia presentan los perros, como reacción a los ruidos fuertes e imprevistos suelen ser congelamiento o paralización, intentos incontrolados de escape, temblores y taquipnea (jadeos continuos). En los gatos, en cambio, los síntomas pasan más desapercibidos, aunque en general tratan de ocultarse o escapar.

Cuando la respuesta de miedo es desproporcionada, ya sea por su duración o intensidad frente al estímulo, los veterinarios suelen hablar de fobias, o conducta fóbica. Y si la causa es la pirotécnica, suelen experimentar ansiedad, confusión y miedo, evidenciando un comportamiento incontrolado.

¿Qué conviene hacer, entonces, con nuestros animales domésticos, cuando llegan las fiestas de diciembre?

Nélida Gómez, doctora en Ciencias Veterinarias de la UBA, afirma que lo mejor es llevarlos con nosotros, siempre y cuando se trate de un lugar conocido por ellos, que nos permita cuidarlos y estar cerca de ellos. De lo contrario, recomienda aislarlos lo más posible del ruido exterior, sin retarlos ni castigarlos, dejando la casa bien cerrada pero con ventilación, y con música de fondo con el fin de reducir los estruendos.

La especialista señaló que algunos de los síntomas a los que debe prestarse atención son: jadeos constantes, caminar de un lado a otro sin un objetivo, esconderse, temblar, salivar abundantemente, tener las pupilas dilatadas, no querer comer, buscar la protección del dueño o querer huir. “En los gatos los signos pasan más desapercibidos, en general tratan de ocultarse o escapar. Pero todas esas señales indican la falta de bienestar del animal, lo que significa que en realidad están sufriendo”, alerta Gómez.

Y agrega: “Las conductas anormales de los animales frente a la pirotecnia no deben minimizarse ya que provocan sufrimiento, pero tienen solución con una atención profesional anticipada a los eventos que las desencadenan. Es necesario tratar estos problemas y no hay que esperar hasta último momento pues se requiere tiempo para la mejoría de estas fobias”.

La especialista desaconseja el uso de medicamentos, a menos que sean prescritos por un profesional.

La decisión de “pirotecnia 0” es una tendencia que va en aumento en el país y en el mundo. En la Capital Federal, el Concejo Deliberante aprobó recientemente la prohibición del uso y comercialización de toda la pirotecnia de estruendo superior a los 65 decibeles, la que entrará en vigencia recién a partir del 1 de mayo de 2019.

La propuesta fue respaldada por más de 4500 firmas de padres de niños con hipersensibilidad al ruido e integrantes de asociaciones que protegen los derechos de los animales. Su fin principal es contribuir a la protección del ambiente, las personas más vulnerables −entre ellas los niños con trastornos del espectro autista−, y los animales.