Nuevo viento de cola para la Argentina: podrían ingresar 16 mil millones de dólares más por exportaciones

Los precios de la soja y el maíz han subido 20% y 22% respectivamente en 2022 respecto al año anterior, generando un plus de unos 16 mil millones de dólares. Distintos factores han sido determinantes para generar el aumento.

Exportaciones

Informe de Coyuntura del IERAL

El escenario externo viene mostrándose muy favorable para Argentina desde fines del 2020 hasta el presente en cuanto a precios de commodities agrícolas. Esto ha generado una situación ganar-ganar: más ingresos para el sector y sus eslabonamientos, más divisas para el país y más recaudación para el Estado.

Por ejemplo, la cosecha de los volúmenes aproximados que tendrá finalmente el ciclo agrícola 2021/2022 vale 51 mil millones de dólares a los precios internacionales de este año, pero 31 mil millones a los precios del 2020, generando 20 mil millones de efecto precio. Es tan buena la noticia como inesperada. Como no todos los granos se exportan, el premio que generan los altos precios en términos de divisas es aproximadamente el 80% de la cifra anterior, sumando 16 mil millones de dólares.

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Causas del alza de precios en las commodities

Hay cinco factores que, en mayor o menor medida, impulsaron esta alza en los precios. Primero, las existencias globales. Dos, la aceleración y desaceleración de la economía china. Tercero la producción en Estados Unidos. En cuarto lugar está la invasión de Rusia a Ucrania. Por último, los fondos de Inversión en el mercado de Futuros de Chicago. Veamos una por una lo que cambió tan drásticamente el escenario.

En primer lugar, las existencias globales de granos se encuentran relativamente bajas, contribuyendo a mantener los precios elevados y generando más volatilidad frente a shocks de oferta y demanda. Las existencias están cerrando el ciclo 2021/2022 sin recuperación respecto del año pasado y en el caso de la soja, con un retroceso equivalente a 3,7 puntos porcentuales del consumo de un año.

Además, China – un país importador -, tiene el 37% de los stocks globales de soja y el 69% de los stocks de maíz. Si la existencia estuviera en manos de los exportadores, la demanda sería fácil de satisfacer. En cambio, al concentrarse en los importadores se acrecienta la tensión en el mercado.

En segundo lugar, el crecimiento de la economía china se está desacelerando y el país recompuso sus existencias en el 2021. Por estas razones, se espera que las importaciones de este año sean menores que las del año pasado. Sin embargo, la desaceleración de las compras chinas está pasando desapercibidas por dos razones. Por un lado, la producción de los principales países productores – Argentina y Brasil -, disminuyó por cuestiones climáticas. Mientras China bajó sus compras, Sudamérica redujo también sus volúmenes producidos. Por otro lado, la invasión de Rusia a Ucrania es el factor que domina actualmente la escena de los mercados globales.

En cuanto a la producción de Estados Unidos, las primeras proyecciones del Departamento de Agricultura de ese país indican que los farmers se inclinarían por hacer un poco más de soja y menos de maíz. De confirmarse, significa más oferta en el mercado del maíz y menos en el de la soja. Además, el ciclo 2022/23 está teniendo problemas en el maíz, ya que la evolución de la superficie sembrada se encuentra por debajo de lo que suele ser el proceso normal. A pesar de que esta situación todavía puede revertirse, la demora puede pasar alguna factura en los rindes medios finales de la campaña, y este es el tema que monitorea el mercado.

En cuarto lugar, la invasión de Rusia a Ucrania generó un claro efecto negativo de corto plazo sobre la oferta global de granos. También afectó al mercado de los aceites, al ser Ucrania el primer productor mundial de girasol y exportador de aceite de girasol. A mediano plazo el efecto sobre la oferta global depende de qué suceda con la producción ucraniana y también de las secuelas que pueda dejar el encarecimiento de los fertilizantes, insumo crítico para la producción global. Sin embargo, está claro que otros exportadores deberán tomar el lugar de los países en conflicto y para que ello suceda el mercado debe moverse con niveles de precios más altos de los que venía mostrando.

Por último, lo que pasa con los fondos de inversión en el mercado de futuros de Chicago es un buen termómetro de las expectativas. Las estadísticas revelan que, en las expectativas de los agentes, ponderan más los factores alcistas que bajistas en lo que hace a precios posibles del cereal para próximas semanas. Al mismo tiempo, empiezan a haber algunas dudas respecto al futuro de la oleaginosa, probablemente asociadas a lo que pueda pasar con la economía China en lo que resta del año y a un posible aumento de la producción de Estados Unidos de la mano de una mayor área de siembra.

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Fuente: Fundación Mediterránea – por Juan Manuel Garzón