Ya comenzó el partido de la fina y siempre es mejor tener una defensa bien afianzada, preparada y atenta para frenar la arremetida de patógenos resistentes a los fungicidas más usados. Convocado por UPL, Enrique Javier Alberione –referente de fitopatología y mejoramiento genético de trigo del INTA Marcos Juárez– realizó un exhaustivo recorrido por las variedades de trigo y cebada, un repaso por las principales enfermedades que afectan su rendimiento y calidad y levantó un alerta sobre la resistencia a algunos principios activos.

La campaña 2021/22 presenta unas 65 variedades de trigo, de las cuales 7 son las más difundidas. El 53% de estas variedades son susceptibles y moderadamente susceptibles a roya amarilla. El 40% presenta algún grado de susceptibilidad a roya anaranjada y el 74% a mancha amarilla.

En el caso de la cebada, son 17 las variedades cerveceras. Una de las más difundidas es Andreia, seguida de Montoya y Overture. Entre las enfermedades más presentes en este cultivo se encuentran mancha en red (con un 58% de las variedades entre susceptibles y moderadamente susceptibles), mancha borrosa (88% tienen algún grado de susceptibilidad), escaldadura (79% con algún grado de susceptibilidad) y salpicado necrótico (afecta al 100% de las variedades).

La amenaza de las resistencias

Alberione explicó que ciertas enfermedades que afectan al cultivo de trigo se han vuelto de algún modo insensibles frente a algunos principios activos. El especialista citó el trabajo de Marcelo Carmona sobre mancha amarilla (Drechslera tritici-repentis) que determina que el patógeno se mostró insensible frente a aplicaciones de azoxistrobina, del grupo de las estrobilurinas, pero también frente a pyraclostrobin, trifloxystrobin, y en algunos casos, frente a triazoles.

Pasando a las septorias –Septoria tritici y Septoria nodorum– señaló que “son problemas muy serios en Europa”. La FRAC, organismo que se encarga de monitorear los problemas de las resistencias a fungicidas, determinó que estos patógenos se han vuelto insensibles desde hace un tiempo a las estrobilurinas, en general.

El técnico también reveló otro preocupante dato: en la Argentina se ha visto la presencia de mancha amarilla y Septoria nodorum presente en hojas luego de doble aplicación de fungicidas. Prueba que estaría indicando la insensibilidad de estos patógenos frente a algunos de los grupos químicos más utilizados.

El cultivo de cebada también tiene sus enfermedades y resistencias a fungicidas. Tal el caso de mancha borrosa (Bipolaris sorokiniana) sobre la cual se ha visto pérdida de sensibilidad a algunas estrobilurinas presentes en el mercado. En cuanto a mancha en red, se han evaluado experiencias –en laboratorios y también a campo– sobre distintos productos comerciales de fungicidas mezcla de estrobilurinas y triazoles. Si bien la eficacia de control es todavía muy buena en la Argentina, en Europa hay informes que demuestran la insensibilidad a carboxamidas, no solo a mancha en red, sino también a mancha por alternaria. Esto ya ha afectado tanto a trigo, como a cebada.

Y si nos enfocamos en escaldadura, en la Argentina aún no hay reportes de pérdida de sensibilidad pero sí en Europa. El FRAC ha dado nota de ello advirtiendo sobre la insensibilidad de estos patógenos a estrobilurinas.

Estrategias de control

El especialista del INTA remarcó que los cultivares susceptibles obligan a estar muy atentos. Y entre las principales recomendaciones para atenuar el problema de las resistencias no duda en colocar a la rotación de principios activos con diferentes modos de acción como una de las principales estrategias de control. ¿Qué significa esto? No utilizar el mismo producto en dos aplicaciones, sino emplear aquellos que tengan distintos modos de acción.

Otro tip importante para ambos cultivos es la oportunidad de aplicación. “En el caso de trigo, hay que estar muy atentos a la roya amarilla respecto al monitoreo en cuanto a presencia de incidencias y severidades varias. Es decir: no dejar que la enfermedad avance”, enfatizó.

Respecto a mancha amarilla, el técnico consideró que se puede ser un poco más tolerante. “Acá hablamos de estados de cultivo en torno a Z37 aproximadamente. Incluso se puede pensar en aplicaciones más tempranas –dependiendo de los manejos– pero con un poco más de tolerancia, un 40% de incidencia y hasta un 10% de severidad”, resaltó.

Para Alberione, la oportunidad de aplicación es fundamental también para la cebada y remarcó que, en lo que tiene que ver con enfermedades foliares, es importante que estas aplicaciones se hagan en estadíos de encañado.

Otro factor crucial para ambos cultivos es la calidad de aplicación, porque será un elemento clave para definir el buen control de los productos sobre las enfermedades. “Si aplicamos mal, seguramente los principios activos no se pondrán en contacto con el patógeno y perderá su eficacia”, explicó.

También es importante respetar la dosis de marbete. Según el especialista, las subdosis han generado problemas de resistencias a estos patógenos en ambos cultivos.

Finalmente aconsejó pensar en nuevas herramientas -o no tan nuevas-, como el uso de fungicidas multisitio. Estos productos actúan sobre distintos sitios de la célula del patógeno. Es decir: cuando un triazol solo actúa a nivel de la biosíntesis de ergosterol en la pared del hongo, y las estrobilurinas a nivel de la respiración de las mitocondrias, los fungicidas multisitio -además de estos dos modos de acción- se diversifican en otros puntos de la célula del hongo y eso posibilita una mayor eficacia de control sobre estos patógenos entorpeciendo su capacidad de generar resistencias.