El picudo algodonero es una de las plagas que preocupa a los productores de ese cultivo en el país, porque provoca grandes pérdidas. Desde hace nueve años, técnicos del INTA y las provincias algodoneras de Chaco, Formosa, Santa Fe y Santiago del Estero, trabajan en el desarrollo de distintas estrategias para hacer frente a esta plaga.

Sobre eso dialogó con Palabra de Campo -por Radio 10- el comunicador del INTA, Pedro Ibáñez, que comenta que el picudo del algodonero- Anthonomus grandis- es una de las plagas más destructiva de este cultivo, debido a que su capacidad biológica de reproducción, dispersión y colonización, dificulta su control por los métodos tradicionales.

A través del silenciamiento génico, y por primera vez en Argentina, cuatro investigadoras consiguieron plantas que disminuirán la capacidad de daño provocada por la plaga. Destaca que se trata de un verdadero logro dado que el sistema de transformación de algodón es muy complejo y en el mundo hay muy pocos grupos de investigación con esta capacidad.

Mediante esta técnica, buscan que estas moléculas ingresen a las células del insecto e inhiban la síntesis de una proteína asociada a una función esencial. Al verse privado de esa función, se espera que las células mueran y, por lo tanto, esto tenga un efecto letal sobre el organismo del insecto.

Todo comenzó, cuentan las expertas, a partir de contar con el transcriptoma del intestino medio del picudo del algodonero. Esta información sirvió para establecer qué secuencia del insecto había que tomar para expresar en la planta y generar ARN de interferencia específico para el picudo.

El estudio de las secuencias y sus pruebas “en distintos soportes in vitro, permitió conocer cuáles eran las más efectivas. Una vez armadas estas construcciones genéticas los tomamos para introducirlas dentro de las células de algodón para generar las plantas transgénicas”, indicó Dalia Lewi, responsable del Módulo Transformación Genética de Algodón de la Estación Experimental Agropecuaria Sáenz Peña -Chaco-, quien logró generar plantas transgénicas de este cultivo.

Hoy el INTA no sólo cuenta con un sistema ajustado, “sino con las plantas con el gen de interés”, indicó Lewi y agregó: “Las plantas de algodón están creciendo, tenemos que multiplicarlas y empezar a hacer los desafíos en los invernáculos de bioseguridad, desafíos in vitro y a campo“.

Desde el Instituto esperan que “la planta transgénica exprese una secuencia que genere el ARN de interferencia y que el picudo del algodonero, cuando pique el botón floral, lo tome para que este interfiera en su metabolismo celular”, explicó la referente, quien se mostró cautelosa con los resultados que esperan obtener, y agregó: “Si no se logra que muera, al menos que tenga una disminución en la capacidad reproductiva y de daño”.