De la virtualidad al campo: la importancia del equilibrio entre la conectividad y la presencialidad a la hora de gestionar

"Con la virtualidad como bandera para hacer una buena gestión, pero sin olvidar el valor de la presencialidad en todas sus aristas".

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En los tiempos donde la conectividad es parte de la cotidianidad de nuestras vidas, desde Grupo Cencerro comprendimos que trabajar adaptándonos a ella era parte de la necesidad del sector agropecuario. Sin embargo, en nuestro sector, la presencialidad no deja de estar vigente en nuestro trabajo y hay que comprenderla como un valor clave.

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Para hacer gestión hay que llevar a cabo varios procesos. Con normalidad, con nuestros clientes nos conectamos a través de Zoom, Skype y WhatsApp. Pero en ocasiones,
también, coordinamos reuniones de manera presencial y de esa manera podemos conocer
en profundidad el funcionamiento del establecimiento, algo imprescindible para hacer
gestión económica-financiera.

Lo que buscamos con los encuentros presenciales es lograr con el productor y su equipo
una relación más afianzada que supere las barreras de la virtualidad. Esto sucede cuando
tratamos temas que no se pueden resolver a través de videollamadas o mensajes.

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Es cierto que la virtualidad nos trae consigo una serie de beneficios que son innegables. Entre ellos están:

● Ahorro de viáticos.
● Contacto con personas alejadas geográficamente.
● Contacto diario con cada uno de los productores y sus equipos.
● Reportes y toma de decisiones en tiempo real.

Más allá de lo virtual, entendemos que hay que darle valor a todo lo que se pueda realizar
de forma presencial. Siempre es bueno coordinar encuentros presenciales para afianzar la
relación una vez que todo el trabajo virtual esté encaminado.

Constantemente nos acercamos a los establecimientos con el objetivo de resolver
cuestiones que la virtualidad no permite, incrementar la confianza y generar conversaciones que el “trabajo remoto” difícilmente pueda suplantar. Con la virtualidad como bandera para hacer una buena gestión, pero sin olvidar el valor de la presencialidad en todas sus aristas.

Comenzando a transitar la (ojalá) era de la post-pandemia, una de las grandes conclusiones de estos casi dos años es que para hacer una gestión eficiente primero hay que buscar un sano equilibrio entre la virtualidad y la presencialidad. Seguiremos por ese camino, ¡hasta la próxima!

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