Investigadores proponen el uso colaborativo del conocimiento en la agricultura

Estan inspirados en experiencias de software libre y ciencia ciudadana. Ya existen iniciativas concretas en otros países.

El desarrollo de modelos colaborativos y de innovación abierta para la generación de conocimiento, que ya fueron probados con éxito en el movimiento de software libre, podría trasladarse en un futuro a la investigación, el desarrollo y la comercialización de semillas en la Argentina, como una alternativa al sistema de protección de propiedad intelectual vigente.

Actualmente, la industria semillera posee un alto nivel de concentración. Apenas tres grupos empresarios controlan más de la mitad del comercio de semillas a escala global. Por eso, un equipo de abogados, sociólogos, economistas, agrónomos y genetistas, entre otros, buscan democratizar el modo en que se producen los alimentos y superar la gran desconfianza que pesa sobre el sistema de patentes, entendiendo que en lugar de ser un estímulo para la creatividad, muchas veces representa un freno al desarrollo científico-tecnológico.

El debate por el sistema de propiedad intelectual se da en el marco de las modificaciones que el Gobierno planea realizar en la Ley Nacional de Semillas. Estos cambios podrían afectar las excepciones que prevé la norma sobre los derechos del obtentor, según las cuales, si una empresa lanza al mercado una variedad mejorada, no transgénica, la información debería quedar disponible para que toda la comunidad pueda incorporarla a sus líneas de investigación y emplearla como fuente de germoplasma para continuar el mejoramiento.

Para Gustavo Schrauf, profesor titular de la cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), las modificaciones que se prevén realizar sobre la Ley de Semillas en la Argentina podrían implicar un retroceso fuerte e ir en la línea opuesta, como sucede en Estados Unidos, donde sí es posible patentar un cultivar y, con ello, impedir que pueda ser utilizado como parte de un nuevo desarrollo. En este sentido, indicó que uno de los borradores del acuerdo que se propone alcanzar entre el Mercosur y la Unión Europea incluye una restricción a la posibilidad de compartir el conocimiento generado sobre el germoplasma.

Ante esta disyuntiva, se están construyendo formas alternativas a nivel global que buscan garantizar que los beneficios del mejoramiento sean orientados al conjunto de la sociedad. Una de estas iniciativas surge del Centro de Investigaciones para la Transformación (CENIT-CONICET), asociado a la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF), cuyos investigadores desarrollaron una licencia denominada Bioleft, que favorece la circulación del conocimiento y su reutilización bajo ciertas normas de uso.