La industria avícola argentina entre las más sustentables del mundo

La industria avícola argentina está entre las más sustentables del mercado internacional, según un análisis de huella de agua y de carbono realizado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) en 12 plantas de faena ubicadas en distintas provincias.

La industria avícola argentina está entre las más sustentables del mercado internacional, según un análisis de huella de agua y de carbono realizado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) en 12 plantas de faena ubicadas en distintas provincias.

El informe conocido hoy concluyó que, en todos los casos relevados -que representan 46% de la faena de pollos a nivel nacional-, la huella de carbono calculada es significativamente menor a los valores informados en estudios internacionales.

El análisis, llevado a cabo por equipos de las sedes del INTI de Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires, determina el valor de las huellas ambientales para un kilo de carne de pollo faenado y envasado con menudo, de producción intensiva, con un ciclo de aproximadamente 52 días y destino a consumo interno, en la puerta del frigorífico.

cartelización de frigoríficos

Además, identifica los puntos críticos o «hotspots» de cada etapa productiva, con el fin de generar mejoras orientadas a una mayor sustentabilidad, por ejemplo, en el consumo de energía y en el transporte.

Cómo fue el estudio de sustentabilidad de la industria

El trabajo constituye, por el volumen de la muestra, un primer paso para conocer el impacto de toda la cadena productiva de esta industria en el país.

Para ello, los especialistas incluyeron tanto los insumos requeridos como las emisiones generadas para la producción de los diferentes tipos de alimentos utilizados en la crianza de los pollos parrilleros y las ponedoras.

También contemplaron los recursos energéticos y materiales utilizados en la postura e incubación de los huevos, engorde del pollo parrillero, faena y procesado en la planta frigorífica, que incluyen energía eléctrica, combustibles, materiales para la cama de pollo, envases, productos de limpieza y desinfección, entre otros.

Los resultados indican que la huella de carbono fue de 1,50 kg de CO2eq/kg de carne de pollo (unidad funcional elegida) para el promedio ponderado de los 12 casos de estudio; y la huella de agua por escasez, el resultado fue de 0,54 m3eq/kg de carne de pollo.

Según el informe, uno de los principales puntos críticos aparece en la producción de los granos para alimento de las aves; y los traslados hasta la planta de piensos también representan un «hotspot», pero que puede verse reducido si se incentiva la compra a productores ubicados en cercanías de las plantas.

Por otra parte, en lo que tiene que ver con el análisis de huella de agua por escasez, los piensos, la energía y el transporte explican la mayor contribución en el impacto de las granjas de recría, reproductoras y parrilleros.