En plena campaña triguera, las hectáreas con posibles dificultades pasaron de 16.000 a más de 82.000 en el territorio nacional, debido principalmente a la presencia de malezas, lo que representó una suba del 412,5% interanual durante julio, informó la empresa argentina SIMA Agtech (Sistema de Monitoreo Agrícola), según lo recogido en su base de datos. Esta identificación se logró gracias a unos 30 lotes que emitieron las alertas iniciales, y que motivaron la prevención en el resto de los productores.

Durante el mes pasado, hubo una gran preponderancia de raigrás criollo, con aproximadamente un 60% de presencia entre las posibles adversidades que se presentaron. Si analizamos los dos años, a la misma altura, el comportamiento fue diferente: mientras que en 2020 las alertas enviadas fueron sobre enfermedades (Roya anaranjada), en el 2021, para el mismo mes, las alertas enviadas fueron más de malezas (raigás criollo) y en menos medida para roya.

Asimismo, durante septiembre del 2020 se tocó el pico, con 143 lotes que emitieron avisos de enfermedades, contra apenas 14 de malezas.

Vale aclarar que SIMA funciona bajo un mecanismo colaborativo, donde los propios usuarios son los que ayudan a sus «vecinos». Así, cada productor emite una alerta que le va a llegar a su par, que también usa la plataforma. De esa manera, se logra una red colaborativa dentro de la comunidad en las más de 3 millones de hectáreas que la empresa tiene en 8 países de Latinoamérica.

Al analizar la información, un dato curioso es que algunas alarmas de Roya anaranjada se iniciaron en Paraguay.

A su vez, se denota que durante lo que va del 2021 se descubrió la Roya de forma más temprana en el país vecino. De la misma manera,  se reportó que tanto para el 2020 como para el 2021,en el mismo rango entre el 1 de junio y el 31 de julio, se detectaron 2 focos en zonas opuestas.

Distribución de los focos de Roya anaranjada en Julio 2020 y 2021

Por último, es preciso remarcar que las amenazas por las que se emiten los avisos son aquellas que por su nivel de dispersión, o el grado de daño que puedan causar al cultivo (trigo o cebada en invierno), realmente ameritan alertar a los usuarios.

Así, las alarmas se dividen en “tipo 1” y “tipo 2”. Las “1” corresponden a aquellas problemáticas donde en la primera detección es la que dispara la advertencia. En tanto, las segundas, para ser emitidas, tienen que haber sido identificadas al menos en el 50% de los monitoreos realizados en la región.