maíz

En la región central de Córdoba, existe más del 50 % de probabilidad de déficit hídrico en todos los meses del año, limitando severamente los rendimientos de trigo y condicionando los de los principales cultivos de verano (soja y maíz). La producción de secano se encuentra limitada por la disponibilidad de agua, producida por la alta variabilidad en la cantidad y distribución de las precipitaciones. Debido a esto,  especialistas del INTA ensayan sobre el riego suplementario para la producción de trigo, soja y maíz en la región central de Córdoba. 

riego suplementario
Riego suplementario: una tecnología para la producción eficiente

Desde el año 1996, se instaló en INTA Manfredi – Córdoba–  un módulo de riego suplementario con fines experimentales y demostrativos, para proporcionar herramientas al productor regante de la región que sirvan para maximizar la productividad.

De los años de trabajo del equipo de especialistas, surge el riego suplementario como una tecnología que permite suministrar agua a los cultivos durante períodos de déficit hídricos en zonas semiáridas, subhúmedas e incluso húmedas, propensas a sequías periódicas.

“Este tiene como objetivo mejorar los rendimientos de los cultivos y disminuir la variabilidad interanual de los rindes” explicó Aquiles Salinas ­­–especialista en riego y director del INTA Manfredi–.

En la región central de Córdoba, existe más del 50 % de probabilidad de déficit hídrico en todos los meses del año, limitando severamente los rendimientos de trigo y condicionando los de los principales cultivos de verano (soja y maíz).

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Los resultados mostraron que tuvo un efecto positivo sobre los cultivos analizados. “En condiciones bajo riego, el suplemento de agua permite cubrir períodos de déficit hídrico, que muchas veces ocurren en el período crítico del cultivo”, indicó Salinas. Con lo cual mejoran los componentes de rendimiento, principalmente el número de granos, respecto del cultivo de secano.

El ensayo se produjo con dos secuencias bianuales de cultivos: trigo y maíz de segunda época y soja de primera, seguidos por trigo y soja de segunda época y maíz de primera. El riego se realizó con un equipo de pivote central, que tiene una superficie circular de aproximadamente 28 hectáreas. El terreno restante, correspondiente a 12 hectáreas, recibió un manejo distinto al área bajo riego y que se consideró el tratamiento secano.

Los momentos y láminas de riego para cada cultivo se deciden en función de un balance hídrico, “desde la instalación del sistema, todos los años se realizaron mediciones de precipitaciones, riegos, contenido de agua en el suelo a la siembra y cosecha, rendimiento en grano, consumo de agua y eficiencia de uso de agua”, aclaró Nicolás Boccardo –especialista en riego e integrante del equipo–.

Lo destacable, es que se observaron incrementos de rendimiento por el riego para todos los cultivos, del orden promedio del 115 %, 51 % y 28 % para trigo, maíz y soja respectivamente. Por lo tanto, en la condición bajo riego los tres cultivos mostraron tendencia a incrementar las ventajas en el tiempo.

El seguimiento del contenido de agua en el suelo es una estrategia fundamental que permite regar de manera sostenible, aportando sólo lo que el cultivo necesita y que no es suministrado por las lluvias. “La información generada respecto a consumo de agua aporta herramientas fundamentales, para un manejo eficiente de las dosis de agua aplicadas a los cultivos irrigados en la provincia de Córdoba”, resaltó.

Fuente: INTA Informa