El mercado internacional de granos comenzó a mostrar un cambio de tendencia en la última semana. Tras varios días en los que el foco estuvo puesto en la fortaleza del dólar y en la tensión del mercado petrolero, las preocupaciones por el clima volvieron a ganar protagonismo y empujaron una recuperación en los precios de los principales cultivos.
Los granos recuperan terreno
Según explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, el mercado de granos “empieza a incorporar nuevamente una prima climática”. En ese sentido, advirtió que ya no sólo genera inquietud la situación de Estados Unidos, sino también la ola de calor en Europa y el estrés térmico que afecta a la región del Mar Negro, con impacto potencial sobre la producción global de maíz y girasol.
A este escenario se suma la consolidación de un evento El Niño, confirmada por los principales modelos climáticos internacionales, con expectativas de temperaturas extremas y alteraciones en el régimen de lluvias hacia fin de año. En paralelo, Rusia enfrenta problemas logísticos por una crisis de combustibles derivada de ataques a sus refinerías, mientras siguen las negociaciones entre Estados Unidos e Irán por la normalización del tránsito en el estrecho de Ormuz.
Dentro de los cultivos, el maíz fue el que recibió las señales más positivas. El informe trimestral de stocks del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) sorprendió al mercado al ubicar las existencias estadounidenses 2,9 millones de toneladas por debajo de lo esperado, un dato que reflejó una demanda forrajera más activa de la prevista. Esa situación podría quedar plasmada también en el próximo informe WASDE, que el organismo difundirá el 9 de julio.
Al mismo tiempo, la condición de los granos en Estados Unidos retrocedió un punto porcentual, en un contexto de suba de temperaturas y pronósticos de lluvias que siguen cambiando semana a semana.
Las complicaciones también aparecen fuera de Estados Unidos. En Europa, Francia atraviesa la peor ola de calor para el maíz en 26 años y su producción de granos se estima en apenas 9,5 millones de toneladas. En Ucrania, en tanto, el estrés térmico durante la floración ya motivó recortes en las proyecciones de cosecha.
Para Romano, la combinación entre menores stocks, deterioro de los cultivos y problemas climáticos en distintas regiones “está generando un escenario más favorable para los precios del maíz”.
En la Argentina, mientras tanto, la cosecha avanza con lentitud por el exceso de humedad y ya cubre el 52,9% del área. Aun así, el rendimiento promedio se mantiene en 81,5 quintales por hectárea, lo que permite sostener una producción estimada en 64 millones de toneladas, muy por encima de los 49 millones de la campaña pasada.
La demora en la recolección coincidió con una fila de buques de más de 3 millones de toneladas esperando carga, una situación que generó subas puntuales en los precios disponibles para acelerar la entrega. Sin embargo, el fuerte aumento en el ingreso de camiones en los últimos días comenzó a aliviar esa presión logística.
“Si las lluvias vuelven a interrumpir la cosecha mientras continúan llegando los buques, podrían repetirse picos de precios por problemas logísticos. Pero, en términos generales, la presión de cosecha debería terminar empujando los valores disponibles hacia abajo”, señaló Romano.
En soja, el panorama es algo más mixto. El USDA informó una superficie sembrada y stocks levemente superiores a los esperados, mientras que la condición de los cultivos estadounidenses cayó al 65% entre buena y excelente, justo en el inicio de la etapa crítica para la definición de rindes.
Sin embargo, el principal foco de preocupación sigue siendo la demanda. Las exportaciones semanales de Estados Unidos se ubicaron muy por debajo de lo previsto, lo que volvió a instalar dudas sobre el ritmo de compras de China.
A eso se suma otro factor sensible: aunque la industria aceitera norteamericana mantiene un nivel elevado de procesamiento, las plantas de biodiésel están operando al 77% de su capacidad, bastante por debajo del 90% que se necesitaría para cumplir con los niveles de corte anunciados por la administración estadounidense. Si esta situación se mantiene, el mercado teme una eventual reducción del porcentaje obligatorio de mezcla, lo que impactaría directamente sobre la demanda de aceite de soja.
En la Argentina, la cosecha prácticamente ya terminó, pero la comercialización avanza con mucha lentitud. Hasta el momento sólo se vendió el 25% de la producción, frente a un promedio histórico del 29% y lejos del 37% registrado a esta altura del año pasado, cuando la rebaja temporaria de los derechos de exportación había incentivado las ventas.
“Hay mucha soja almacenada en manos de los productores. Conseguir que ese volumen llegue a las fábricas y, sobre todo, que tenga precio, será uno de los principales desafíos de los próximos meses”, afirmó Romano.
En el caso del trigo, el mercado continúa presionado por el avance de la cosecha en el hemisferio norte. Estados Unidos ya superó el 50% de recolección, Europa acelera los trabajos y la región del Mar Negro empieza a sumar volumen a la oferta mundial.
Si bien Estados Unidos y Canadá reportaron menores superficies sembradas a las previstas, la consultora Argus elevó su estimación para la producción rusa a 91,2 millones de toneladas, una cifra cercana al segundo mayor registro histórico del país.
Australia, por su parte, recortó su proyección productiva debido a un clima demasiado cálido y seco. De todos modos, el mercado sigue considerando que sólo un agravamiento de esas condiciones podría alterar el actual escenario de abundante oferta.
En la Argentina, la siembra ya cubrió el 80,9% del área proyectada, favorecida por buenas reservas de humedad y por una baja en los costos de fertilización. Además, todos los lotes implantados muestran una condición entre normal y excelente.
Pese a este buen arranque, Romano advirtió que la combinación entre una implantación muy sólida y el lento ritmo de ventas del stock remanente de la campaña anterior podría traducirse en una elevada disponibilidad de trigo durante la campaña 2026/27.
“Hoy el mercado descuenta una cosecha mundial muy abundante. La principal posibilidad de un cambio de escenario dependería de que aparezcan problemas productivos importantes en Australia asociados al desarrollo de El Niño”, concluyó.
