Actualidad

- EDITORIAL - “Panazo”: cuando ni el trigo ni el pan son el problema

Explicar cosas en la Argentina de hoy es muy complejo, porque hasta lo más simple se transforma en un acertijo difícil de descrifrar. Una vez más, los panaderos protestaron frente al Congreso Nacional y entregaron 5 mil kilos de pan a quienes más lo necesitan, que llegaron a...

Explicar cosas en la Argentina de hoy es muy complejo, porque hasta lo más simple se transforma en un acertijo difícil de descrifrar.

Una vez más, los panaderos protestaron frente al Congreso Nacional y entregaron 5 mil kilos de pan a quienes más lo necesitan, que llegaron a la Plaza del Congreso con la ilusión de llevarse algo para la mesa. Esos son los hechos ante una realidad que se presenta cada día más dura para miles de argentinos que no llegan a fin de mes.

Si bien el consumo de pan está en franco declive, el resto de los panificados por ahora gozan de buena salud en cuanto a ventas y por eso, si los precios aumentan, se seguirán preocupando todos los consumidores de facturas, bizcochos y repostería.

Parece mentira, pero ¿es verdad que la culpa la tienen los productores de trigo del otro lado del mundo?

El precio del trigo a nivel mundial esta viviendo una situación atípica, que no se registra en los últimos 25 años. Hay problemas climáticos en el hemisferio norte y el trigo en las plazas internacionales aumentó considerablemente. Para poner un ejemplo, en el plano local, al comenzar enero de este año, el trigo cotizaba $ 2990 por tonelada y hoy ese valor llega a los $ 6000, es decir que se duplicó.

Es verdad que cualquier consumidor podría pensar que esto no debería afectarnos, porque Argentina tuvo una campaña muy buena en trigo y duplicó la producción, pero la realidad es que mas allá de lo que pasa en nuestro mercado, los precios de los commodities se rigen por valores internacionales. A eso, sumemos que los molinos demoraron el aumento en la harina a medida que iba aumentando el precio del trigo en los últimos meses. Justamente ese stock importante del que hablamos en el mercado local, generó que haya competencia enentre los molineros y si bien aumentaba el trigo en un extremo de la cadena y el pan en el otro, no lo hacía la harina. Eso en un momento determinado se revirtió y la oferta exportadora comenzó a hacer presión, por lo tanto no quedó mas remedio que empezar a competir con las ventas al exterior, fundamentalmente de Brasil. Oferta y demanda mediante, aumentó el precio de la bolsa de harina y llegamos a los más de $700.

Dicho todo esto, el punto crítico se da en las panaderías donde se realizan la mayor cantidad de ventas y donde hoy el pan cuesta cerca de los $ 65. El precio del pan es menor en supermercados, donde se comercializa a $ 55 y por último, en el interior de Buenos Aires, cotiza a $ 50 el kilo.

Sin embargo, no serán estos los valores que regirán por mucho tiempo, ya que es probable que incremente su precio en los próximos días.

La pregunta que todos se hacen es cuánto debería aumentar su valor y la respuesta es muy simple: tal como quedó demostrado en cada uno de los informes que presentó FADA en los últimos meses y lo confirman las asociaciones de productores trigueros del país, la incidencia de la materia prima en el precio del pan (el producto que más harina tiene vs. el resto de los que podemos comprar en las panaderías) varía entre un 7 y 10%. Por lo tanto, si el kilo de pan cuesta o costaba $ 50 y aumentó más de $ 5 algo raro pasa: o aumentaron más de lo que debían según la estructura de costos o lo que es más probable, hay muchos otros items que aumentaron y que tienen mayor incidencia en la conformación del precio de los productos panificados. En este punto, es importante mencionar que los costos fijos vinculados a las paritarias, las nuevas tarifas de los servicios, las cargas laborales y la competencia desleal en el sector erosionan fuertemente la rentabilidad de las panaderías, que como muchos otros comercios viven situaciones críticas cuando tienen que cerrar los números a fin de mes.

Mesa de Diálogo: campo, molinos y panaderos. ¿Servirá?

Es una de las propuestas y todo lo que sea diálogo siempre aporta. Pero tengamos en cuenta que sentarse a hablar tiene que ser consecuente con sincerar los números del negocio y eso (realmente) no pasa nunca en la Argentina. Además, los panaderos soltaron la idea de que haya algún cupo para la molienda de harina en el mercado interno a un precio más bajo o que se implementen retenciones al trigo y eso para el agro es peor que un insulto.

La realidad es que ambas políticas ya se aplicaron y ninguna dió resultado. La mesa de los argentinos no se pudo controlar, aumentaron todos los productos alimenticios en los últimos años, incluido el pan. La inflación fue, es y lamentablemente seguirá siendo el gran dolor de cabeza de la Argentina. Menos aún funcionaron las retenciones al trigo, que a nivel productivo generaron que la Argentina tuviera la peor campaña del cereal desde que el agro dejó el arado de lado.

Por otra parte, el resto de los países de la región están bajo el mismo nubarrón pero no se mojan, porque saben cuándo y cómo usar el paraguas, sin soluciones revolucionarias. Sin ir más lejos, en Brasil, que nos compra trigo porque no llega a abastecerse, el kilo de pan cuesta menos de 2 dólares.

El problema es nuestro, plata no alcanza y los alimentos cuestan cada vez más caros.

Eso es verdad y no hace falta poner un estudio sobre la mesa para advertirlo. Sin embargo, es interesante destacar que una familia que compra 20 kilos de pan al mes y los paga $ 65 está gastando a fin de mes unos $ 1300 y eso es menos que un abono de cable en cualquier ciudad argentina.

Una factura puede llegar a costar $ 12 en una panadería de Capital Federal y eso equivale a aproximadamente 0,45 centavos de dólar. Si lo comparamos con otros lugares de mundo, diría que un "croisant" porteño está a buen precio.

Quizá, el problema sea otro. Quizá lo qué pasa es que el dinero no rinde por otros problemas que padece la economía. Hoy los salarios no alcanzan para vivir y cada vez se hace más difícil tolerar la presión tributaria que pesa sobre todos como contribuyentes, que hace que un comerciante tenga que ajustar su estructura de costos a diario con precisión quirúrgica, porque a él no le alcanza,a sus clientes tampoco y si aumenta, vende menos.

La culpa no la tiene el productor de trigo, el industrial molinero, el comerciante panadero y mucho menos el consumidor. El problema se llama "política económica" que en ningún gobierno de estos últimos años pudo generar confianza en la sociedad, asfixia a las pequeñas empresas y aunque parece que dice la verdad, todavía no termina de sincerarse.

ETIQUETAS