
El conflicto arancelario entre las dos mayores potencias económicas reconfigura el comercio global y plantea nuevos desafíos y oportunidades para los países agroexportadores del Mercosur.
La guerra comercial entre Estados Unidos y China tiene a la economía global en alerta. Con aranceles cruzados que afectan a productos clave como la soja, el maíz, la carne y otras materias primas, el conflicto altera flujos comerciales y abre oportunidades a diferentes países a buscar nuevos mercados. En este contexto, el Mercosur se encuentra ante un escenario de riesgos, pero también de oportunidades.
Uno de los sectores más impactados por esta disputa ha sido el agrícola. China, principal comprador mundial de soja, impuso fuertes aranceles a la oleaginosa estadounidense como represalia a las medidas impuestas por Washington. Esto provocó un desvío de la demanda hacia otros proveedores, principalmente Brasil y, en menor medida, Argentina y Paraguay.
Durante los años más intensos del conflicto, Brasil experimentó un boom exportador de soja hacia el gigante asiático, con volúmenes récord y precios favorables. Sin embargo, esta dependencia también expuso a los países del Mercosur a la volatilidad de las tensiones geopolíticas.
El aumento de la demanda china por productos sudamericanos benefició en el corto plazo a los productores del Mercosur. Sin embargo, esta dependencia creciente de un solo mercado podría volverse riesgosa si las relaciones entre China y Estados Unidos se estabilizan o si Beijing decide diversificar aún más sus proveedores.
En el caso de que Estados Unidos redirija su producción excedente a mercados alternativos con subsidios o precios más bajos, los países del Mercosur podrían enfrentar una competencia desleal en regiones clave como el sudeste asiático o el norte de África.
La guerra comercial ha contribuido a la inestabilidad de los precios internacionales, especialmente de la soja, lo que complica la planificación a largo plazo de los productores y exportadores. Esta volatilidad afecta particularmente a economías dependientes del agro como la argentina.
Ante este panorama, el Mercosur enfrenta el dilema de replegarse o avanzar hacia una mayor integración con Asia. Algunos analistas proponen que el bloque refuerce su estrategia conjunta para negociar con China, India y otros países asiáticos, mientras que otros advierten sobre el riesgo de que cada país actúe por separado, debilitando la posición regional.
Argentina, con su economía agroexportadora y necesidad de divisas, podría beneficiarse de una estrategia común, pero también debe lidiar con sus propias limitaciones macroeconómicas y logísticas.