El agro es un sector clave para la economía argentina, ya que provee cerca del 10% del PBI y es nuestra principal fuente de divisas. La manera en que se lleva a cabo la producción agropecuaria se encuentra muy marcada por los avances del conocimiento científico. Por eso, un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) caracterizó, para las últimas dos décadas, la investigación científica vinculada al agro y analizó cómo acompañó la producción de los principales cultivos de granos. Los resultados mostraron que la ciencia abordó temas distintos a los que demandan los productores. Sería necesaria una mayor coordinación entre ambos sectores.

“La producción agropecuaria siempre se nutrió de los avances de la ciencia. Por eso analicé las características del sistema científico y tecnológico agropecuario nacional, y observé su vínculo con la producción de trigo, maíz, soja y girasol. Por un lado, relevé los temas que las ciencias agrarias más investigaron, y por el otro, los temas que los productores más pidieron. Luego, los contrasté para ver si coincidían”, explicó Diego Rotili en el marco de su tesis de maestría en Agronegocios en la Escuela para Graduados ‘Ing. Agr. Alberto Soriano’ (FAUBA).

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La ciencia influye en la forma en que se realiza la agricultura. ¿Existen espacios de diálogo entre los dos sectores? Foto: Lucas van Esso

Rotili señaló que mientras que la ciencia investigó mayormente el rendimiento, la genética y la calidad industrial de los cultivos, un sector de los productores del agro requirió información vinculada al control de adversidades —plagas, malezas y enfermedades— y a la fertilización de los cultivos. El trabajo de Diego está publicado en la revista de divulgación científica Ciencia Hoy.

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Los productores y sus necesidades

Para estudiar qué piden los asesores y los productores, Rotili examinó más de 15 mil consultas realizadas en el sitio Agroconsultas Online entre 2011 y 2019. A partir de la información indicó que el control de malezas, plagas y de enfermedades dominó el pedido de asesoramiento en los cuatro cultivos. En soja y en girasol representó alrededor del 80%; en maíz, el 62% y en trigo, el 57%. En los tres primeros se consultó más por el control de malezas, y en trigo, por el control de enfermedades.

“Hay una demanda de los productores agropecuarios que sería muy bueno satisfacer. A futuro, lo ideal es tratar de generar espacios en los que los productores y los investigadores se junten e interactúen más y mejor. Responder a las inquietudes de los asesores y productores sería uno de los impactos positivos de la investigación científica argentina”, reflexionó Rotili, quien es docente de la cátedra de Cerealicultura de la FAUBA, y añadió que hay muchas aristas más para examinar.