Pablo Bigo es un artesano y metalúrgico de oficio oriundo de Río Cuarto, Córdoba. Desde pequeño, junto a sus vecinos amigos, construían tractores o cosechadoras con maderas y latas que observaban desde el negocio familiar en ventas de maquinarías agrícolas. El hobbie siguió hasta hace dos años cuando comenzó a dedicarse a vender sus réplicas utilizando chapa, madera, pintura, plástico y varillas para darle forma desde un tractor hasta una cosechadora.

Pablo contó en Agrolink Radio que el comienzo de sus ventas fue impulsado por la pandemia, antes de eso, solo lo hacía unas pocas por placer. Al principio antes de la venta, él utilizaba medidas aún más pequeñas. «Ahora estamos realizándolo en escala de 1,18 que para dar un ejemplo son de unos 40 o 50 centímetros». Pablo diseña diversas maquinarías en miniatura de cualquier marca aunque el tractor es el más solicitado.

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Réplica de dos tractores Zanello articulado 500.

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A la hora de darle forma a sus réplicas, utiliza la escala 1.18 «porque así lucen mejor los detalles». Según comenta, son los tractores y las cosechadoras las que le llevan mayor cantidad de tiempo de realización, desde 15 hasta 25 días aproximadamente. Pablo es hiper detallista. Reproduce todo los artilugios de la maquinaria a la vista. Por ejemplo, las cosechadoras más antiguas son las que más detalles le llevan debido que se le notan las poleas y norias mientras que en los nuevos modelos, según el artesano, están cubiertos.

Si bien es verdad que son varias las personas que realizan este tipo de artesanías, la mayoría es sobre camiones.

Pablo recuerda quién fue su primer cliente y qué modelo a escala realizó: «Un tractor Zanello articulado 500, era para una exposición en Buenos Aires pero con el tema de la pandemia se suspendió todo. Se lo vendimos a Osvaldo, de San Andrés de Giles».

Luego de mucha dedicación y pasión, Pablo pasó de tener consultas y ventas a lo largo y ancho del país, y hasta logró contactarse con un húngaro que le pidió la réplica de unos de los primeros tractores de su país natal. La pandemia viene poniendo trabas a esa primera venta al exterior, pero siguen las tratativas y falta menos para que una de sus miniaturas llegue a Hungría.

Si bien el proceso artesanal le gusta mucho, lejos de quedarse quieto, sigue pensando cómo agilizar el proceso de producción, en el futuro le gustaría poder contar con un equipo que le permita resolver algunos aspectos del trabajo de manera más mecánica. 

De crear cinco miniaturas por mes, a vender más de 40 réplicas, Pablo, quien jugó con sus manos hasta perfeccionarse y entrar al mercado, hoy sueña con asistir a una exposición del agro para que sus creaciones sean todavía más reconocidas.