Que los productores de leche están anclados en el peor de los mundos, produciendo un excedente de leche sobre las necesidades del consumo interno que debería ser exportado, pero que en parte se vuelca sobre el Mercado Interno (MI) y lo corrompe.

Que la situación se ha agravado como consecuencia de la crisis del mercado internacional de los lácteos, pero que antes existía también como consecuencia de la política del anterior gobierno (control de exportaciones, intervencionismo) y de la existencia de estructuras corporativas que podían controlar el destino de la leche y alterar el mercado.

Que la paradoja de la situación es que el consumidor paga un precio que permitiría pagar razonablemente al productor.

Que la producción ha perdido un 33% de su participación tradicional en los precios al consumidor. Esta porción de la torta de la producción ha sido apropiada por “alguien” ubicado entre el productor y el consumidor.

Que corregir esta situación implica procesos inevitables de ordenamiento y reformas en la lechería que, a su vez, estarán supeditados a ordenamientos y cambios en el país que permitan su modernización, hacerlo competitivo y abrirlo a un mundo que presenta ahora un cuadro de situación que ha evolucionado desfavorablemente para Argentina.

Que, por otra parte, para los productores de leche se ha agotado el tiempo y el oxígeno. La urgencia en corregir la situación desesperante en que se encuentra la producción de leche, agravada, además, por el incremento de sus costos de alimentación por el aumento del precio del maíz, exige una intervención virtuosa del gobierno para restablecer la participación del productor en el precio que paga el consumidor final que no debería ser incrementado.

Que hay que encontrar una solución urgente para eliminar el excedente y su sobre oferta en el MI aprovechando la caída estacional de la producción. Es obvio que la producción debe facilitar la solución bajando esos excedentes y teniendo en cuenta que tendrían un precio bajísimo acordes con los valores internacionales.

En consecuencia, creo que el gobierno debe intervenir con todo el peso del Estado que administra, para restituir a la producción su participación en el precio final y la porción de la torta que le corresponde fijando un precio para la leche que se destina al mercado interno (Hoy más o menos 90% de la producción) y el excedente a un precio muy bajo acorde con las posibilidades de exportar, y a continuación congelar por 60 o 90 días para encontrar soluciones de fondo convocando a todos los actores involucrados en el “drama”.

En forma urgente, blanquear toda la leche a nivel producción, acopio e industria. Control del excedente y su destino con participación responsable de la producción y de la industria y su eliminación como factor de corrupción del MI.

El productor debe ser consciente que debe producir menos o vender el excedente a los bajísimos precios del mercado externo. También asumir que su conducta irracional traducida en su incapacidad para organizarse en defensa de sus legítimos intereses es responsable de la necesidad de intervenciones del gobierno que nadie debería querer.

Es impensable el futuro ordenado de la lechería sin la organización comercial de la producción que la posibilite sin intervenciones gubernamentales que, a veces pueden ser virtuosas, en general no son buenas ni deseables.

Carlos D. Heguy.

Asociación de Productores de Leche.

Vicepresidente 2°