ovinos

El Pietín es una enfermedad muy contagiosa que afecta a los rumiantes (ovinos, bovinos, caprinos), produciendo lesiones muy dolorosas a nivel de las extremidades y que compromete el potencial productivo e incluso la vida del animal, incidiendo sobre la rentabilidad de la empresa ganadera ovina. 

Escuchá la columna de Solana Sommantico en Agrolink Radio

Esta afección es producida por dos bacterias denominadas Fusobacterium Necrophorum y Dichelobacter Nodosus, las cuales actúan sinérgicamente. Dichos agentes, proliferan bajo ciertas condiciones ambientales (buena humedad y temperatura), siendo capaces de colonizar y lesionar las pezuñas. Una vez establecida la infección permanecen allí durante años, actuando como potenciales diseminadores de microorganismos para el resto de la majada. Sin embargo, fuera de la pezuña no sobreviven más de 15 días.

¿Cuándo se produce esta enfermedad?

La enfermedad está directamente relacionada a factores ambientales: alta humedad a nivel del suelo y temperatura ambiente mayor a 18º C, favorecen su transmisión, ocurriendo preferentemente en terrenos mal drenados, «encharcados» o inundables. Las condiciones climáticas de nuestro país, determinan que se presente en otoño y primavera, pudiendo aparecer también en veranos lluviosos. Es de destacar que establecimientos libres pueden contraer la enfermedad por introducción de animales enfermos o portadores “aparentemente sanos”.

Signos

La lesión comienza con inflamación de la piel interdigital (entre las pezuñas), y claudicación leve (manquera o renguera). En caso de no evidenciarse esta lesión y no tratarse el animal, el daño evoluciona determinando la separación de la pezuña, la cual comienza por los talones y puede generar el desprendimiento total de la misma. Simultáneamente se genera olor nauseabundo y se va agravando la claudicación debido al dolor, llegando al extremo de caminar con las “rodillas” o permanecer en decúbito y morir por imposibilidad de alimentarse.

Lee también: Manejo de residuos en el tambo

¿Qué hacer con la majada afectada?

El plan de trabajo deberá comenzar en verano, pasando todos los animales por la manga, revisando y recortando individualmente las pezuñas, y apartando los afectados de los sanos.

En esta primera etapa es fundamental evaluar minuciosamente cada animal de la majada. Para esto es importante establecer una clasificación de acuerdo a si presentan o no lesión y al grado de evolución de la mismas (lesión superficial o profunda). Esta clasificación se hará utilizando una escala de 6 grados. SCORE: (ver foto), grado «0»= animales sanos; 1, 2, 3, 4, 5 enfermos (eliminar los que tienen lesión grado 4 y 5 «crónicos»).

Durante el examen se procederá a recortar las pezuñas con la finalidad de facilitar el diagnóstico y posterior tratamiento. Se recomienda utilizar una tijera de podar de buena calidad, un instrumento que actúe como «raspador» e identificar mediante pintura temporaria los animales enfermos, diferenciando por color aquellos con lesión superficial o profunda. Una vez clasificada la majada, los animales aparentemente sanos serán pasados en primer lugar por un pediluvio. Este tendrá una duración de 30 minutos y se realizará con sulfato de zinc al 10 % mezclado con un detergente que aumentará hasta 10 veces, el poder de penetración del mismo. Luego pasarán a un corral con piso de cemento donde se escurrirán durante 1 hora (muy importante).

Posteriormente se los llevará a un cuadro de pastoreo, teniendo la precaución de hacerlo por un camino diferente al del ingreso a la manga (para evitar contagios). Se destinarán potreros altos y secos donde no hubo ovinos u otros rumiantes los últimos 15 días (recordar que estos microorganismos no sobreviven más de ese tiempo al aire libre).

La majada enferma (grados 1, 2 y 3) se someterá al mismo tratamiento que la sana, respetando el tiempo del pediluvio y posterior secado del pie. Estos lanares se destinarán a potreros sanitarios evitando el contacto con los sanos. Se repetirán 2 o 3 tratamientos con intervalos de 7 días, previa revisada minuciosa de las pezuñas.

Aquellos animales que han curado sus lesiones, pasarán a integrar la majada sana. Luego del segundo pediluvio y en los animales que persistiera la lesión, siempre que su valor económico lo justifique, podrán administrarse antibióticos de larga acción, destinándose a faena aquellos que no respondan favorablemente. Es fundamental eliminar del campo aquellos ovinos que no responden a los tratamientos y los de grado 4 y 5 (lesiones severas y crónicas que fueron rechazados), ya que generarán pérdidas económicas, de tiempo, y actuarán como fuente de infección y contagio para el resto de la majada. Luego del trabajo de verano, es fundamental evaluar periódicamente la majada con la finalidad de detectar precozmente animales afectados, los cuales serán apartados y seguramente responderán mejor al tratamiento por no presentar lesiones graves. Este control debe intensificarse en otoño y primavera, ya que son las 2 estaciones favorables para diseminación del pietín.

¿Cómo evitar la enfermedad?

Cuando se introducen animales al establecimiento, es importante conocer los antecedentes sanitarios del establecimiento de origen. No obstante, se recomienda realizar un examen clínico individual y mantenerlos en cuarentena para asegurar su estado sanitario.

Existe una serie de medidas posibles de implementar, tendientes a evitar la aparición del pietín. Teniendo en cuenta que en las majadas existen animales naturalmente resistentes a la enfermedad, una de las alternativas es seleccionar esos animales para utilizar como futuros reproductores (carneros), lo que hará que existan mayores posibilidades de obtener crías también resistentes, pues la «heredabilidad» de esta característica es aceptable.

También es recomendable seleccionar aquellos animales de pezuña negra, ya que presentan mayor resistencia frente a las enfermedades del pie.

Pérdidas económicas

En la Cuenca del Salado, existen establecimientos donde la enfermedad afecta hasta un 30 % de la majada. Las pérdidas son debidas a menor producción de carne, leche y lana, además de la posible muerte de animales. Sumado a lo anterior, debe considerarse el perjuicio económico originado por tratamiento y control inadecuados.