
“Las 5 secuencias de cultivos más frecuentes incluyeron rotaciones maíz ‐ soja y maíz ‐ soja – trigo/soja. Luego se ubicaron secuencias con más proporción de soja de primera”. El que habla es Diego De Abelleyra, investigador del Instituto de Clima y Agua del INTA.
Es que presentaron un análisis multitemporal del Mapa Nacional de Cultivos desarrollado por el INTA. “Se analizaron las secuencias de cultivos derivadas de los mapas de las campañas 2018/2019, 2019/2020, 2020/2021, 2021/2022, 2022/2023 y 2023/2024. Estos mapas fueron generados a partir de clasificaciones supervisadas utilizando relevamientos a campo e imágenes de los satélites Landsat 8 y 9 y Sentinel 2. Se encuentran disponibles públicamente en la plataforma INTA.GEO, en el repositorio digital del INTA y en el repositorio Zenodo”, destacan del organismo.
En esta línea el investigador sostuvo que “se observa una concentración de casos con alta proporción de soja de primera en parte de la zona núcleo en las cercanías de centros industriales, centros de acopio y puertos de exportación”. Por el contrario, “el maíz se ubica con más frecuencia en la secuencia en sectores periféricos”.
En el indicador “intensidad de siembra” que describe el uso del suelo a lo largo del año y el grado de ocupación, se determinó que los sitios donde sólo se realizó un cultivo por año (sin presencia de dobles cultivos), representaron un 36 % del área agrícola. “Los casos de un cultivo por año se ubicaron principalmente al oeste de la Región Pampeana, noreste de Santiago del Estero y Salta, asociado a menores niveles de precipitación”, rotuló De Abelleyra.
La rotación de cultivos: una práctica que se sostiene
“Estos análisis constituyen una ampliación a seis campañas del análisis realizado previamente para tres y cuatro campañas”, subrayó De Abelleyra, quién destacó que “en estos análisis se observa que la rotación de cultivos es una práctica frecuente y es generalizada la inclusión de cereales en las secuencias”.
“La distancia a puertos incide directamente en el costo del flete, presentando mayores ventajas los lotes ubicados cerca de los centros de acopio e industrialización, que para soja se ubican en gran medida cerca de los puertos, dado que su destino principal es la exportación”, afirmó De Abelleyra. Por otro lado, indicó que “el tamaño de parcela catastral puede estar asociado al nivel de capitalización del productor y puede incidir en la capacidad de planificación a largo plazo o en la disponibilidad para arrendar las tierras en condiciones poco favorables (e.g. contratos a corto plazo o sin restricciones de rotación)”.

Es así que, de acuerdo al estudio, puede darse en zona núcleo un doble efecto que genere la concentración de casos con alta proporción de soja de primera: tierras arrendadas tienen un mayor costo de producción y un menor margen bruto; una disminución en el costo del flete influirá en mayor medida en el aumento del margen bruto en estos casos.
“Se espera que este tipo de información permita describir los sistemas de producción agrícola de Argentina, brindando transparencia sobre la forma en que se produce, por medio de una metodología objetiva y repetible como la utilizada para generar los mapas”, expresó el investigador del Instituto de Clima y Agua.
En ese sentido, “esto podría generar valor agregado sobre la producción Argentina en la medida en que se identifiquen procesos de rotación que aseguren su sustentabilidad”, señaló. “También puede ser una herramienta de diagnóstico de situaciones no deseadas como monocultivo, identificar donde ocurren estos casos y a que variables los pueden determinar, y actuar en consecuencia mediante el desarrollo de políticas públicas”, concluyó De Abelleyra.
Metodología
El análisis descripto se realizó a partir del Mapa Nacional de Cultivos del INTA correspondiente a las campañas 2018/2019, 2019/2020, 2020/2021, 2021/2022, 2022/2023 y 2023/2024.
Estos mapas fueron realizados a través de clasificaciones supervisadas utilizando imágenes de los satélites Landsat 8 y 9 y Sentinel 2, e información de campo geolocalizada obtenida a través de diferentes unidades del INTA al menos en dos momentos de cada campaña (invierno y verano) en las regiones agrícolas mapeadas.