El agro podría convertirse en uno de los principales motores de la economía argentina durante el segundo semestre del año. Según un análisis elaborado por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, del IERAL de la Fundación Mediterránea, los ingresos de los productores por las ventas de soja, maíz y trigo podrían crecer hasta 44% interanual entre julio y diciembre, dependiendo del ritmo de comercialización.
El informe toma como referencia la situación al 15 de julio, cuando los productores habían vendido con precio cerrado 58,2 millones de toneladas de soja, maíz y trigo de la campaña 2025/26. El volumen representa un 20% más que la mediana histórica para esta altura del ciclo. Sin embargo, detrás de ese número general aparece una diferencia significativa entre los cultivos.
Maíz y trigo avanzan, mientras la soja queda rezagada
La comercialización de maíz alcanzó las 25,5 millones de toneladas, un volumen 62% superior a la mediana histórica y el segundo registro más alto de la serie.
En trigo, las ventas llegaron a 18,2 millones de toneladas, un 41% por encima de lo habitual y también el segundo mayor volumen registrado para esta etapa.
La soja, en cambio, muestra un comportamiento diferente. Hasta el 15 de julio se habían comercializado apenas 14,6 millones de toneladas, un 27% por debajo de la mediana histórica.
De acuerdo con el informe, esto significa que solamente se había comercializado el 29% de la cosecha de soja, estimada en 49,5 millones de toneladas, frente al 41% que suele venderse a esta altura del año.
Ese retraso es, al mismo tiempo, una de las principales oportunidades para los próximos meses.
El campo generó menos ingresos en la primera mitad del año
La menor comercialización de soja ya tuvo impacto sobre los ingresos generados por los tres principales cultivos.
Durante las primeras 28 semanas de 2026, hasta el 15 de julio, las ventas con precio cerrado de soja, maíz y trigo representaron un ingreso bruto estimado de US$ 11.881 millones, calculado a precios FAS Rosario.
El monto fue 13,8% inferior al registrado durante el mismo período de 2025, cuando había alcanzado US$ 13.787 millones.
La caída se explica principalmente por la soja: sus ventas generaron unos US$ 2.374 millones menos, una disminución del 31% interanual. En cambio, el maíz y el trigo incrementaron su aporte.
La soja podría cambiar el escenario en el segundo semestre
El punto central del análisis de IERAL es qué ocurrirá con la soja que todavía no fue comercializada.
Los investigadores plantearon distintos escenarios en función de la velocidad con la que los productores decidan vender durante la segunda mitad del año.
En un escenario de continuidad, las ventas de soja, maíz y trigo alcanzarían unas 44,7 millones de toneladas y generarían alrededor de US$ 11.592 millones de ingresos brutos para los productores.
En un escenario de convergencia, el ingreso podría llegar a unos US$ 13.800 millones, mientras que, si se produjera un adelantamiento significativo de las ventas, el monto podría trepar hasta US$ 15.313 millones.
Esto implicaría una mejora frente a los US$ 10.657 millones registrados en el segundo semestre de 2025 de entre 9% y 44%, según el escenario.
Hasta US$ 18.380 millones en valor potencial de exportación
El impacto también podría sentirse sobre el ingreso de divisas.
Bajo los distintos escenarios planteados por IERAL, el valor potencial de exportación asociado a las ventas del segundo semestre se ubicaría entre US$ 14.252 millones y US$ 18.380 millones.
La diferencia entre ambos extremos depende fundamentalmente del ritmo de comercialización de la soja ya cosechada.
Los economistas estimaron que pasar de un escenario de continuidad a otro de convergencia implicaría incorporar 6,6 millones de toneladas adicionales al circuito comercial, sumar unos US$ 2.289 millones a los ingresos de los productores y generar cerca de US$ 3.000 millones adicionales de valor potencial de exportación.
El efecto podría trasladarse al resto de la economía
Para IERAL, una aceleración de la comercialización no tendría impacto únicamente sobre el sector agrícola. Una mayor circulación de granos podría dinamizar actividades vinculadas con el transporte, el acopio, la industria y los servicios, además de aumentar la liquidez en las regiones productivas.
El informe destaca que el agro ya tuvo una contribución significativa durante los primeros meses del año a partir del incremento de la producción física. Una mayor comercialización durante el segundo semestre permitiría ampliar ese efecto sobre el resto de la economía.
