En las últimas semanas se desató una fuerte polémica entre el Gobierno Nacional y la industria automotriz. En los últimos días se había decretado y publicado en el boletín oficial que todas las marcas que tengan fábrica en el país deberían trabajar al 100% de su capacidad. De no cumplir podían ser sancionadas. Si bien el pedido fue claro, la realidad no permitió las distintas firmas puedan cumplir. Piquetes, Covid e impuesto a las ganancias fueron las principales causas.

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Por ejemplo, en el caso de Mercedes-Benz, Nissan y Renault la complicación fue la primera que se nombró anteriormente. Hubo un conflicto en los últimos días en el Puerto de Buenos Aires y eso impidió que varias piezas importantes para la fabricación de vehículos no lleguen en tiempo y forma a las plantas. Eso paró casi a cero la producción de la Sprinter, Frontier y Alaskan. La de la firma alemana en la fábrica de Virrey del Pino y las otras dos en Santa Isabel, Córdoba.

Por su parte, Stellantis (ex FCA y PSA), Volkswagen y Toyota se vieron disminuidas en su grupo de trabajo por la ola de contagios que se dio dentro de sus operarios. Por tal motivo en las plantas de Palomar, Pacheco y Zárate se suspendieron turno de producción y se tuvieron que implementar cronogramas especiales para el último fin de semana.

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En tanto, el último punto, quizás el más polémica y del cual se habla hace más tiempo, es el impuesto a las ganancias. Los turnos computados como horas extra siguen generando resistencia entre los operarios, a pesar de las modificaciones que el Congreso realizó a la Ley de Impuestos a las Ganancias. El presidente de Toyota Argentina, Daniel Herrero, dijo que la modificación tendrá poca incidencia entre los operarios.

Ante esta situación pareciera complicado poder cumplir con lo pedido por el Gobierno Nacional, más allá del malestar que causó en primera medida.