La mujer rural, protagonista de la cadena apícola entrerriana

Pese a los vaivenes económicos y el clima que viene cada vez más hostil, son muchos los pequeños y medianos productores distribuidos en todo el territorio. En este informe, abordamos el activo rol de la mujer desde el primer eslabón de la cadena productiva hasta llegar al consumidor.

• Por Patricia Corradini y Gonzalo Schmidt | Especial para AgroLink

Las mujeres, desde el primer eslabón

Entre Ríos se caracteriza por su población rural distribuida en colonias y parajes, por su diversidad productiva y sus dos grandes ríos que la abrazan y marcan los márgenes que la diferencia muy bien del resto de las provincias. Agricultura, ganadería, citricultura, avicultura, lechería y apicultura son algunas de las cadenas productivas generadoras de riqueza. Otra de las características destacadas de la tierra entrerriana es que muchas de las producciones de pequeña y mediana escala, como es el caso de la apicultura, están en manos de emprendimientos familiares, que se transfieren de generación en generación, lo que conlleva al arraigo en la ruralidad.

Un ejemplo de ello es la experiencia de Eladia Weber, docente y productora de la Cabaña Apícola Reina Madre de la localidad de Maciá, quien hace más de 13 años que está en la actividad con un criadero de abejas reinas, el primer eslabón de la cadena apícola. Trabaja bajo un protocolo de PROAPI, un Programa de Mejoramiento Genético que brinda el INTA, desde donde llegan las abejas madres y en la cabaña las reproducen.

“Comencé a trabajar en el criadero de abejas reinas a raíz de una joven que se desempeñaba en la Secretaría de Producción en Maciá, quien estaba haciendo un estudio y destacó que lo único que faltaba en esta localidad era un criadero. Así comenzamos, éramos ocho mujeres que nos capacitábamos en el INTA de Tucumán. Al año siguiente de esta formación, iniciamos con el criadero, trabajamos dos años en la escuela agrotécnica y, por cuestiones personales, ese grupo se disolvió y continué sola con la ayuda de mi esposo. Antes de la apicultura trabajaba de docente, ahora combino ambas actividades. Soy titular en una escuela rural de cuarta categoría (alejada del radio urbano) y con los horarios me puedo organizar para hacer las dos cosas”, introduce Eladia.

Como en tantas otras actividades productivas, las familias tienen un rol fundamental en la permanencia y continuidad de un emprendimiento, por lo que el esfuerzo y ayuda de cada miembro, fortalece el desarrollo productivo: “A la cabaña la trabajamos con mi hija mayor, Antonela, ella me ayuda con las transferencias de abejas; mientras que los días jueves, que tenemos rotación de crías, un chico colabora con ese trabajo. En tanto, mi hijo más chico y mi marido se encargan de la parte de núcleos, que son enjambres artificiales que se forman a partir de una colonia ya desarrollada y se toman los panales. Somos un total de cinco personas, es un emprendimiento totalmente familiar”, destaca la productora.

La transferencia de abejas consiste en sacar larvas de abeja de un día de nacidas, pasarlas a una cupulita (estructura cerrada poligonal) y llevarla a la colmena: “Hasta el momento teníamos el criadero en el acceso a Ruta 6 de Maciá, pero hace tres años atrás presentamos un proyecto para traer todo el criadero a Guardamonte, que es donde vivimos y, en mi caso, trabajo de docente. El lugar tiene una extensión de siete hectáreas, inclusive ya hicimos una siembra de lotus, carinata y coriandro para tener floración para las abejas. Tenemos dos tipos de miel, la multifloral que es la primera cosecha que se hace, cuando la abeja va al monte a recolectar néctar de cardo, biznaga, chañar, algarrobo, ñandubay, entre otras, que sería la primera floración. Por febrero tenemos la floración de chilca, pero este año no cosechamos nada por la sequía”, desarrolla Weber.

Animarse a pensar en grande: Exportación de abejas reinas a Francia

El 2018 fue un año muy importante para los integrantes de la cabaña Reina Madre, porque pudieron llevar a cabo un embarque de abejas reinas a Francia. Esta exportación de abejas reinas fue la primera que se realizó en la provincia, y consistió en la venta al exterior de 184 reinas fecundadas con un valor de alrededor de 15 euros por ejemplar. La conexión entre el comprador y la Cabaña surgió a partir de las rondas de negocios de la Expo Maciá 2018, la exposición apícola más tradicional de la provincia.

En este sentido, esta última es una de las fiestas populares que tiene Entre Ríos: “Somos la provincia con más fiestas registradas del país”, asegura la secretaria de Turismo, María Laura Saad. Estas celebraciones ayudan a que muchos conozcan un lugar, su gente, su cultura, viajen y hasta inviertan o encuentren allí su sitio en el mundo. Una de esas celebraciones es la Fiesta Nacional de la Apicultura que desde hace más de 20 años se realiza en la localidad de Maciá, departamento Tala. Se la presenta como la muestra apícola más convocante del país y del Mercosur que además de las muestras, exposiciones y concursos del mundo apícola, brinda shows y espectáculos de famosos artistas.

Retomando el panorama actual de la actividad apícola, Weber explica: “actualmente, para hacer solo apicultura tenés que tener alrededor de 2.500 colmenas como para empezar. En Entre Ríos se cosecha una miel muy buena, porque todos los productores apícolas somos muy profesionales con nuestro trabajo. Sin embargo, necesitamos que existan más políticas de estado para los productores, que nos ayuden a palear la situación de sequía como la del primer semestre de este año, para que podamos seguir trabajando”, analiza.

Números que hablan por sí solos

Más allá del nombre de una determinada fiesta, en este caso la provincia tiene con qué celebrar, ya que los datos son claros. Argentina es el tercer productor mundial de miel. Los primeros son China y Estados Unidos. Respecto a las provincias, Entre Ríos es líder nacional en producción, solo superada por Buenos Aires. Según datos de la Secretaría de Producción, esta provincia litoraleña cuenta con aproximadamente 3.350 productores, alcanzando un total de 840.000 colmenas distribuidas en 11.080 apiarios. “Con 225 salas de extracción y 24 fraccionadoras habilitadas, la provincia representa más del 21 por ciento de la producción nacional de miel y derivados. Este modelo asociativo funciona como catalizador para incorporar nuevas tecnologías que preservan la condición del producto como un alimento saludable, ecológico y orgánico”, expresa el coordinador de Apicultura, Facundo Rey.

Al adentrarse a las características de las mieles entrerrianas, Rey detalla: “Tenemos una variedad en floraciones con cuatro regiones muy marcadas. Está la miel monofloral de citrus o eucaliptus en la costa del Uruguay; en la zona de Islas, las mieles orgánicas que son muy diferenciadas del resto; mieles de monte en el norte y las mieles de praderas, de cultivos, en el centro-este provincial. Eso hace que nuestros productos sean deseados por los países compradores”, comenta el funcionario provincial, que, además, es apicultor.

El 95% de la miel que se produce en la tierra entrerriana va a exportación; y solo del 5 al 10% se consume en el mercado interno, por eso el gran desafío del sector público y privado es instalar este alimento rico, natural, y bien nuestro, entre los consumidores locales.

Un día en la cabaña apícola

Como en la mayoría de los trabajos rurales, se empieza bien temprano, sobre todo en verano, para evitar las altas temperaturas. Eladia lo detalla a la perfección: “Empezamos a la mañana temprano, cuando comienza a haber temperatura, tenemos que esperar que la abeja pecoreadora, que es la que se encarga de buscar el polen y el néctar de las flores, salga al campo así trabajamos más tranquilos para realizar las transferencias –hacemos cerca de 350/ 400 transferencias al día-, lunes, miércoles y viernes; después nos queda sacar las celdas (cavidades prismáticas hexagonales) para los clientes que han encargado para ese día, empaquetar en conservadoras y lo que sobra dejarlo en incubadoras. Trabajamos hasta el mediodía en eso y a la tarde preparamos el material para poder adaptar y hacer transferencias del día siguiente (contar la cantidad de cedas que hay, hacer núcleos, observar las celdas al campo cuando los núcleos están hechos, alimentar, entre otras tareas).

Eladia siente orgullo de ser mujer y referente en el sector apícola. “Empecé desde abajo y todo lo que he logrado lo hice sola; hace pocos años hemos obtenido financiamiento provincial y municipal. De Entre Ríos somos el único criadero que hace material vivo certificado. Me siento orgullosa de mis logros, siempre he ido despacio”, describe. A la vez, tiene en claro que “todo lo que sé y tengo, lo comparto; hay muchos chicos jóvenes a los que les regalo celdas para que empiecen la actividad, para que el sector apícola siga creciendo, me gusta ayudar a las escuelas agrotécnicas. La actividad apícola tiene muchos productores grandes en edad, por eso hay que incentivar a los jóvenes a que se inicien e incursionen en la actividad apícola. Es un trabajo difícil, imagínate que cuando todos se están yendo de vacaciones en enero o febrero, uno tiene que estar con el mameluco puesto para trabajar con las abejas, haga calor, llueve o truene…”, enfatiza Eladia.

De la venta de granola al amor por la miel

“Vendo miel”, “miel casera”, “venta de miel”, son algunos carteles que los ocasionales transeúntes pueden divisar en el frente de muchas casas familiares en pequeñas localidades, pero también en las grandes ciudades y justamente quienes manejan ese mercado, generalmente son mujeres.

Una de ellas es Nadia. En un principio comenzó con la venta de granola, un alimento formado por copos de avena, frutos secos y otros ingredientes naturales, pero el componente que nunca falta, es la miel. Fue así que Nadia comenzó a conocer e interiorizarse por los diferentes tipos de mieles para lograr un producto natural, con sabores diversos y, sobre todo, sin conservantes. Sin embargo, en esa búsqueda la protagonista se enamoró de la miel y sus cambios de sabor de acuerdo a cada zona y fue así, que a partir de la pandemia el negocio se centró en este producto y logró una notable expansión. A partir de ese momento Nadia es conocida por vender miel en la capital entrerriana “porque vendo miel pura, sin conservantes y tiene un sabor único. No se le agrega jarabe de maíz ni agua. Es de esa miel que en invierno se vuelve dura, parece azúcar, de esa que hay que calentar para untarla sobre el pan o ponerla en el té”, describe Nadia con notable orgullo, rodeada de envases de medio kilo y un kilo, que “son los que más salen”.

Los obstáculos, el aporte oficial y un futuro alentador

Al ser un producto de exportación, los productores dependen de las políticas internas y externas. Sumado a ello hay otro factor que se suma y va cobrando importancia en los últimos años, que es el climático, con fenómenos cada vez más extremos que cuando se manifiestan hacen estragos. Al respecto, Facundo Rey explica que “más allá de la sequía, hasta 2022 tuvimos una cosecha buena pero este año el clima no nos acompañó y tenemos una mala performance con solo un 30% de lo esperado, lo cual ha afectado al productor y al propio estado de las colmenas”. Sumado a ello “las variables internacionales han hecho que los precios queden estancados e internamente se nos complica importar algunos productos”, reconoce el funcionario provincial.

Para intentar paliar esta situación, desde el Gobierno provincial han declarado la emergencia y desastre agropecuario para tratar de aliviar la situación de los productores. Además, Entre Ríos adhirió al programa nacional de Fortalecimiento Productivo para la Cadena Apícola, que consiste en la asistencia financiera para los trabajadores apícolas afectados por la emergencia extraordinaria y hoy se suma a la difusión y asistencia técnica de un programa que pretende recuperar parte del capital perdido de los apicultores afectados.

El programa establece un acompañamiento económico destinado a la compra de insumos necesarios para el sostenimiento y recuperación de la actividad productiva afectada, el cual es determinado con relación a la cantidad de colmenas, buscando el mayor beneficio para los productores y las productoras de menor escala.

De este modo, “quienes posean de 5 a 150 colmenas, reciben 1.500 pesos por colmena; de 151 hasta 300 colmenas reciben 750 pesos por colmena; y de 301 hasta 500 colmenas, reciben 500 pesos por colmena”, indica Rey.

Como toda actividad, la apicultura tiene sus puntos fuertes y débiles, pero la provincia litoraleña tiene muchos puntos a favor: su diversidad productiva, la ubicación estratégica y el clima. Está claro que el sostenimiento y el mayor desarrollo de la producción dependen de varios factores, pero el empuje de esas familias, donde las mujeres son protagonistas hace que esta cadena no solo no se corte, sino que contagie ganas y sumen más mujeres a los distintos eslabones.

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