El campo logró mejorar sus números en los últimos meses, pero los impuestos siguen llevándose la mayor parte de la renta agrícola.
Según el último Índice FADA, una vez descontados los costos de producción, el Estado se queda con el 58,2% de la renta que genera una hectárea agrícola. En términos simples: de cada $100 que quedan después de pagar los costos, $58 van a impuestos nacionales, provinciales y municipales.
El dato, aunque representa una leve mejora respecto de junio —cuando la participación del Estado había alcanzado el 61,9%—, muestra que la carga impositiva continúa representando más de la mitad de la renta del productor.
¿Qué está pasando con los granos?
Una de las razones que explica la mejora del resultado agrícola está en los precios internacionales.
Las tensiones entre Rusia y Ucrania y los problemas logísticos derivados del conflicto impulsaron los precios de algunos granos. El trigo volvió a ubicarse por encima del valor de un año atrás, mientras que la soja también mostró una mejora, impulsada entre otros factores por cambios en las estimaciones de producción de Estados Unidos y una mayor demanda de China.
Pero hubo otro dato clave: la fuerte caída del precio de la urea, uno de los fertilizantes más importantes para la producción.
El precio promedio de la urea pasó de US$730 por tonelada en junio a US$570 en septiembre.
Eso modificó de manera importante la relación entre el precio del grano y el costo del fertilizante.
En septiembre, un productor necesita 2,9 toneladas de maíz o 2,4 toneladas de trigo para comprar una tonelada de urea. En junio necesitaba 4 toneladas de maíz y 3,4 de trigo.
“La relación insumo-producto muestra cuánto esfuerzo necesita hacer el productor para comprar un insumo. Hoy, tanto para maíz como para trigo, se necesitan menos toneladas de grano que en junio para comprar una tonelada de urea”, explicó Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA.
La renta mejora, pero los impuestos siguen pesando
La combinación de mejores precios para los granos y menores costos para un insumo clave permitió mejorar el resultado económico de la actividad.
“La mejora de los precios de los granos, junto con la baja de la urea, permitió que el resultado económico o la ganancia del productor mejore. Pero el Estado todavía se queda con una porción mayoritaria de esa renta”, señaló Antonella Semadeni, economista de FADA.
De acuerdo con el índice, la renta agrícola promedio se distribuye de la siguiente manera:
- 58,2%: impuestos.
- 27,3%: costo de la tierra.
- 14,5%: resultado agrícola.
La participación del Estado también cambia según el cultivo. En soja llega al 60,7%, en maíz al 53,8%, en trigo al 55,5% y en girasol al 56,8%.
El trigo muestra con claridad el impacto de los cambios en los precios y los costos.
La combinación de un mayor precio del cereal y una urea más barata permitió que el cultivo tuviera un resultado positivo antes del pago de impuestos. En mediciones anteriores, el margen había sido apenas positivo o incluso negativo.
Sin embargo, hay un dato que todavía genera presión: los precios del trigo y el maíz continúan por debajo de sus promedios de los últimos cinco años.
La baja de la urea no significa que todos los costos hayan seguido el mismo camino.
El transporte continúa siendo una de las principales cuentas para el productor y aumentó respecto de junio. Además, su impacto es muy diferente según la zona donde se produce.
La regla es sencilla: cuanto más lejos del puerto, mayor es el peso del flete.
En Córdoba, San Luis y La Pampa, por ejemplo, en una hectárea de maíz, alrededor de 2 de cada 10 camiones de lo producido se destinan a pagar el transporte, según FADA.
“Por eso, el precio del grano no es el único elemento que define la renta agrícola. También importan los costos de producción, la distancia a los mercados, los rindes y la estructura impositiva de cada territorio”, explicó Pisani Claro.
¿De dónde salen esos impuestos?
Dentro de la carga tributaria, la mayor parte corresponde a impuestos nacionales no coparticipables, que representan el 55,6% del total.
Los impuestos nacionales coparticipables explican otro 35,7%, mientras que los provinciales representan 7,8% y los municipales apenas 0,9%.
Las retenciones siguen siendo uno de los principales componentes de la carga tributaria. Desde diciembre de 2023, sus alícuotas se redujeron para los principales cultivos, lo que disminuyó su participación dentro del total. Al mismo tiempo, ganaron peso impuestos vinculados al resultado económico, como Ganancias.
El promedio nacional del 58,2% no se repite de la misma manera en todas las regiones.
Según FADA, la participación del Estado alcanza:
- Entre Ríos: 58,4%
- Córdoba: 56,9%
- Buenos Aires: 56,1%
- San Luis: 55%
- La Pampa: 54,7%
- Santa Fe: 53,9%
Estas diferencias no significan necesariamente que en una provincia se paguen más impuestos en pesos que en otra. El resultado surge de una combinación de factores: rindes, precios, costos, distancia a los puertos, fletes e impuestos provinciales y municipales.
