Agricultura

La campaña 2016/17 representa el regreso al sendero del crecimiento

La campaña 2016/17 representa la vuelta del sector agroindustrial argentino al sendero del crecimiento después de 5 campañas marcadas por el retroceso de la superficie sembrada y un descenso en la incorporación de tecnología. Según estimaciones de la Bolsa de Cereales, el área y la producción con cultivos...

La campaña 2016/17 representa la vuelta del sector agroindustrial argentino al sendero del crecimiento después de 5 campañas marcadas por el retroceso de la superficie sembrada y un descenso en la incorporación de tecnología.

Según estimaciones de la Bolsa de Cereales, el área y la producción con cultivos extensivos en la Argentina alcanzará las cifras récord de 32,3 millones de hectáreas sembradas y una cosecha de 112 millones de toneladas.

Los cambios en las políticas agropecuarias implementadas por el nuevo Gobierno han incentivado la siembra, especialmente de cultivos que se encontraban muy castigados como el trigo y el maíz. De acuerdo a estudios de la OCDE, Argentina era el único país, entre los grandes productores del mundo, con apoyos negativos a su agricultura, que resultaban en precios al productor muy por debajo de los internacionales. La eliminación de las restricciones a las exportaciones y la disminución de los derechos a la exportación, junto a la unificación del tipo de cambio, ayudaron a morigerar esta situación.

En esta campaña, los precios recibidos por el agricultor argentino se encuentran por encima de los vigentes en años anteriores, a pesar de las noticias desalentadoras que llegan desde el mercado internacional. Mayores precios, en combinación con una disminución de los costos de fertilizantes y herbicidas derivada de una caída en el precio del petróleo, ofrecieron incentivos para el aumento del área y la inversión en insumos, vía mejoras en las relaciones insumo-producto.

El productor argentino respondió positivamente, demostrando una vez mas que está preparado y dispuesto a invertir en el proceso productivo cuando las condiciones se lo permiten. La campaña 2016/17 derrotará la tendencia al decrecimiento, con tasas récord de aumentos en las superficies sembradas de trigo (19,4%), maíz (27,3%) y girasol (39,3%). Las producciones de estos cultivos alcanzarían 12,5; 36; y 3,5 millones de toneladas respectivamente. Por su parte, la producción de soja se ubicaría en torno a 53 millones de toneladas. Estas tasas llevan a la Argentina a convertirse en el país del mundo con el mayor crecimiento esperado. Mientras el resto de los agricultores mantienen, y en algunos casos retraen, el área sembrada siguiendo las señales de un mercado internacional sobre-ofrecido -con producciones récord y precios más bajos-, nuestros agricultores se enfrentan a un escenario distinto, marcado por el nuevo set de políticas públicas. Así, nuestro país deja los últimos lugares del ránking, para ubicarse primero, por lejos, entre los países de mayor expansión en superficie de trigo, maíz y girasol.

Definitivamente, Argentina será protagonista de la campaña 2016/17. El crecimiento de la producción tendrá su correlato en la exportación y la participación del país en los mercados internacionales. Nuestro país recuperará parte de los mercados perdidos de trigo y aceite de girasol, con participaciones del 2% y 8,2% respectivamente. También la actividad agroalimentaria argentina consolidará su liderazgo en harina y aceite de soja, representando la mitad de las ventas mundiales, y ratificará el segundo puesto alcanzado durante la campaña 2015/16 como exportador de maíz. La reactivación del sector agroindustrial representa una excelente noticia para la economía argentina durante el 2017.

Según cálculos del Instituto de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales, durante esta campaña, la facturación total del sector será de u$s 47.000 millones de dólares, un 20% superior a la alcanzada durante la campaña anterior. En términos de valor agregado, el PBI agroindustrial crecerá en u$s 6.500 millones (+24%), explicando el 20% del crecimiento de Argentina durante 2017. Este incremento no tendrá prácticamente costo fiscal, ya que el efecto de la eliminación y reducción de los derechos de exportación será neutro para la recaudación, que se recuperará vía otros impuestos y un aumento de la actividad. Mirando a largo plazo, la agroindustria argentina podría mantenerse en este nuevo camino, desplegando todo su potencial y contribuyendo significativamente al crecimiento y desarrollo nacional.

De mantenerse las actuales tendencias, el país produciría más de 140 millones de toneladas de granos y 6,5 millones de toneladas de carnes hacia 2025, de acuerdo a estimaciones de la Fundación INAI. Resultará clave un marco regulatorio que elimine los desincentivos que aún existen para la producción y la inversión, así como la superación de los desafíos que puedan surgir en materia de logística, infraestructura y acceso a los mercados internacionales. *Agustín Tejeda Rodríguez, es economista jefe de la Bolsa de Cereales.