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Los campos ya no tienen que ser cuadrados: la agricultura moderna se basa en el respeto del diseño original de la naturaleza

“El gran balde de agua fría que recibimos los empresarios agrícolas en lo que respecta a la compresión de la diversidad de las características de los suelos fueron los datos que, unos diez años atrás, comenzamos a ver en los monitores de rendimientos que en un mismo lote...

“El gran balde de agua fría que recibimos los empresarios agrícolas en lo que respecta a la compresión de la diversidad de las características de los suelos fueron los datos que, unos diez años atrás, comenzamos a ver en los monitores de rendimientos que en un mismo lote podía haber rindes de 5000 y 2500 kg/ha en pocos metros de distancia”.

Así lo indicó Santiago del Solar, empresario agropecuario e integrante de la Comisión Directiva de Aacrea, durante una conferencia ofrecida en el Simposio de Bioeconomía de la región Centro Pampeana Sur que se está realizando en la sede porteña del Polo Científico Tecnológico.

El desarrollo agropecuario argentino se hizo inicialmente dividiendo los campos en cuadrículas que, si bien no existen como tales en la naturaleza, resultaban útiles para administrar la biomasa en base a mediciones de rindes promedio por lote.

“Con las variaciones que observamos comprendimos que necesitábamos descubrir las causas de las mismas, así que comenzamos a superponer las imágenes de los monitores de rindes con imágenes satelitales de 30 x 30 metros. Y de a poco fuimos avanzando en la ambientación de los campos hasta llegar actualmente a resoluciones de 5 x 5 metros”, explicó Del Solar.

La generación de conocimiento proveniente de la caracterización ambiental requiere determinar un lenguaje común a nivel regional para poder intercambiar, procesar e interpretar grandes volúmenes de datos. El primer paso en ese sentido lo dio la región CREA Oeste –de la cual es oriundo Del Solar– con la matriz ambiental Ridzo (2009) que identificó 19 microambientes en base a parámetros fijos (como por ejemplo el contenido de arena) o variables (como la napa).

“Cuando comprendimos que las líneas rectas no servían más para medir la heterogeneidad de suelos, eliminamos los alambrados. ¿Para qué necesitábamos una línea recta que no dividía un ambiente del otro?”, indicó el empresario.

“Cuando uno vuela en avión, en algunas zonas se ven campos divididos en cuadrículas, pero en el futuro eso ya dejará de ser la norma, porque la agricultura se realizará adaptándose a la naturaleza y no a la inversa”, agregó.

El empresario CREA señaló que la agricultura por ambiente tiene un impacto positivo tanto en términos económicos como ambientales porque permite aplicar recursos (semillas, fertilizantes y agroquímicos) en función de las necesidades específicas de cada ambiente presente en un lote.

“Más adelante estimamos que los modelos de decisión agronómica, además de considerar la variabilidad ambiental, también contemplará la variabilidad climática proyectada”, comentó Del Solar.

“También es posible cosechar, tal como está ocurriendo en estos días, aquellos trigos que, en base a índice verde (fracción de la radiación solar absorbida por las plantas), estimamos que van a tener un mayor contenido de proteína y gluten; luego realizamos análisis en laboratorio de los trigos cosechados para intentar correlacionar ambas variables”, apuntó.

“Nunca en la historia tuvimos tantos datos en el campo como los que tenemos hoy. Y van creciendo de manera exponencial. Pero el desafío es transformarlos en información para poder tomar decisiones agronómicas”, concluyó.

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